La goma de borrar

La frase no es mía, me la comentó un amigo mientras comentábamos el tiempo por teléfono.

Considero que muchas veces nos haría falta esa goma de borrar. Sin embargo, no es bueno olvidarse de las cosas ni malas ni buenas. –

Esto viene a cuento porque este ferro-agosto, cuando mas pegaba el sol en Sagunto, sentí unas palmadas en la puerta de hierro de casa, raro, me dije yo con este calor.Era Antonio, mas delgado, con más años, pero lo reconocí enseguida y le hice la pregunta estúpida“como me has encontrado»,a lo que me respondiópor la descripción de tu blog, aunque tu sabes que yo encuentro cualquier cosa, por eso me contrataste cuando me jubilaron en la emisora de radio.Yo entonces era bastante mas joven y llegó a una entrevista de trabajo en mi despacho,  lo que me llamo la atención al entrar era el olor a naftalina que se desprendía de su traje, yo observaba todo desde mi despacho y cuando la niña de recursos humanos iba a comenzar a repasar sobre su curriculum tuve una reacción y no me falló. Entré y le dije Fernanda ¿cómo se llama este señor? «Antonio y viene…»No hace falta, le dije,  llévalo a mi despacho, prepárale los papeles, está contratado ¿sueldo, tiempo? Ya lo arreglaremos. Antonio, el mejor localizador de cosas que se me ha cruzado debería haber tenido entonces unos 65 años y su especialidad culinaria era hacer huevos fritos,  no con aceite, sino con agua. -¡Qué alegría me das Antonio ¡he venido solo un momento porque estoy con mis hijos almorzando aquí abajo,  quería devolverte la biblia en ruso que me prestaste cuando mi hija hacia la carrera para traductora ¡ya lo es ¡y además quería devolverte esta carta cerrada y lacrada que me dejaste solo a mi “por si te pasaba algo”. -Se marcho de mi despacho antes de comenzar el verano,  cuando mas falta me hacia en Granada, pero su corazón le impedía seguir con este stress.

Hoy me he dado cuenta lo bien que hice en no usar mi goma de borrar, hubiera sido un error. 

No se apresuren a pensar que estoy melancólico o mi arco de tensión está bajo, todo lo contrario, hoy también he podido comprobar que tan malo es borrar recuerdos como olvidarse de ellos. – El único amigo que teníamos en común me dijo en mi última visita a Valencia, Antonio “se marcho pero tu siempre eras el centro de nuestra conversación. Gracias Antonio!

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