El buzón vacio.

La soledad es una cosa que la mayoría de la gente llevamos muy mal, son pocas las personas que se acostumbran a ella, aunque cada vez hay más gente que vive aún sin querer esa soledad y así muchos finalizan su paso por la vida inclusive muriendo ……solos. –

A lo largo de mi corta vida me he encontrado con algunos casos que, aun teniendo mujer e hijos, han finalizado muriendo solo, el último que me viene a la mente fue “los Emilios”, ambos con vidas diferentes en zonas distintas de Valencia, sin embargo, en ambos casos había hijos y mujer, uno era mecánico y el otro abogado hasta que la última bocanada de aire lo abandono.A Emilio el mecánico, lo conocí en mis últimos 30 años, cuando él aún era joven y la vida le había comenzado a pasar factura de una vida ¿desordenada?, sin embargo, era buen mecánico y siempre era capaz de sacarme de un problema cuando aún mi economía no me permitía cambiar de coche y los viajes se sucedían todas las semanas. Emilio nunca pudo arreglarme la calefacción y finalmente me dijo un día: “- Alejandro procura llevar una manta porque al atravesar Albacete de noche hiela mucho en las carreteras-”,y eso hacía no solo cuando iba a Andalucía, sino cuando debía ir a Madrid.El tiempo fue pasando hasta que un lunes del año 2006 Emilio se marchó en silencio, lo supe por un amigo, no pude ni acompañarlo en su despedida. Siempre recuerdo a Emilio “el mecánico”, era algo más que eso y dudo que alguna vez me olvide de su persona.Con el otro Emilio, el abogado, comenzó mi relación allá por el año 92, luego le fui perdiendo la pista, seguimos caminos diferentes, o mejor dicho, yo seguí otros caminos Él siempre estuvo en la misma empresa hasta su jubilación, cuidando de su familia.Nos reencontramos en el año 2005, tenía ya sus años, pero aún trabajaba en su profesión, pero, aun teniendo hijos y mujer, vivía solo en un moderno apartamento cerca de los juzgados de Valencia. Emilio nunca dejó de atender a su familia, pero, ¿por qué termino solo?, no lo supe hasta que se marchó. -Emilio creía en la justicia a pie juntillas, pero eran malos tiempos aquellos para creer en ella. Mantuve una relación hasta el día antes de su fallecimiento, su hermana que siempre lo visitaba lo encontró ya sin sentido.Recuerdo que tenía en su balcón siempre alpiste para los gorriones que se acercaban al mismo y por ese motivo le regale una casita para que se refugiaran, aunque en realidad nunca la utilizaron. Tenía su casa de verano en Rocafort a la que ya no acudía. Siempre me hablaba de sus libros “¿Dónde irían a parar el día que yo no este?” me decía…ahora lo sé, aun siendo verdaderos referentes de la historia de Valencia, finalizaron en un contenedor de basura. -Emilio fue uno de los primeros que tuvo un coche Alfa Romeo 164 en Valencia y lo recuerdo lleno de vitalidad y un “pellizco” de mala uva, pero era solo como una armadura para protegerse de los ¿malos?.Perdimos los juicios que iniciamos porque ya entonces la gente poderosa gobernaba y no permitía “licencias” de que alguien contrario a ellos les ganara un juicio, sin embargo, consiguió algunos triunfos fuera de los juzgados que nos permitió “compensar” las cosas.Fue un buen letrado y sin quererlo, un buen amigo en las distancias cortas porque siempre yo era “Don Alejandro” y él “Don Emilio”. Había un tercer Emilio pero este último compartió toda su vida con su familia y quizás, si debo destacar algo de él es que aún pasado los años, de vez en cuando, me encuentro con sus hijos que aún les brillan los ojos hablando de su padre pero, este relato no habla de la gente que ha vivido y partido viviendo en familia rodeada de ella sino de todas las otras que aun viviendo en situaciones económicas ¿cómodas? han muerto en soledad.Murió solo, su hermana lo visitaba todas las semanas, pero, con la soledad de los afectos que quizás nunca logro tener en su corazón. – Con el paso de las semanas comenzaron sus hijos, su mujer, a pelear por los bienes que había dejado.Cuando yo estaba en horas bajas le decía a mi mujer, “espero un día no recibir cartas de cobro sino solo anuncios del Corte Ingles”. Ha pasado desde aquello casi 30 años, no recibo anuncios del Corte Ingles, no recibo anuncios de ningún centro comercial, sin embargo, vivo rodeado de algunos afectos que me son suficiente. No soy la “alegría de la huerta”, no obstante, sé que los que me rodean no me harán daño ni yo se lo haré a ellos y hablo de daños emocionales, no de daños materiales porque cuando hablamos de soledad, lo material deja de tener valor.Y bien sé lo que digo quizás el haber pasado circunstancias materiales estrechas que te hacen valorar más un correo, una palabra o una sonrisa. -Hace unas semanas me reencontré con un viejo amigo, mucho más joven que yo en el centro de Valencia y nos fuimos a comer. Me hizo un comentario, como si no tuviera la mínima importancia, pero no tiene ni idea el valor que le di a sus palabras. Me dijo “Antonio falleció hace unos meses rodeado de su familia y ¿sabes lo que me decía siempre?Si no me hubiera contratada la empresa a mis 65 años no podría haber completado mi jubilación para pasar el resto de mis días con dignidad”. Le respondí que me habría gustado que alguna vez me lo hubiera dicho a mi puesto que a la empresa a la cual se refería, era la mía. Aun viviendo en la soledad que la vida nos pone de vez en cuando, generalmente cuando ya no tenemos edad para volver a empezar y olvidar los errores cometidos en nuestro trayecto, cuando la soledad ya no nos permite tener energía para pedir perdón o recomenzar una relación las cosas son más duras y solo me queda decir que mejor en esos momentos es pensar en los “instantes” que hemos podido no estar en soledad y los hemos aprovechado. – Hay que saber vivir, pero también hay que saber vivir en soledad sin achacar a nadie la misma porque de la soledad solo somos responsables nosotros, este planeta está lleno de gente que vive en soledad por no hablar con otros seres humanos, no importa llenar el vacío que sentimos muchas veces con experiencias de otros, quizás no nos sirvan para nada pero pueden ayudarnos a vivir con nosotros mismos.Demasiada gente únicamente desea hablar con otros y sin embargo, este siglo nos ha convertido en insensibles para aquellos que solo quieren …hablar.-

La soledad es mala y aun viviendo en un páramo, en el desierto, el mantener una conversación con un pájaro, una lagartija o la misma luna nos permite que la soledad sea menor.

El estar rodeado de gente no siempre significa no vivir en soledad y de eso también puedo dar fe.Mis tres años en Granada rodeado de gente que por arte de magia desaparecía los viernes por la tarde….“son empleados”, me dijo alguien alguna vez, “Sí”, le respondí, pero es que yo los trato como personas y no como empleados” Pero la soledad de los buzones vacíos los puedes vivir en cualquier lado.

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